Las compañías tecnológicas aún creen en el mito de la libertad online - El Portal Informativo de la Ciudad y el Mundo
Martes , 26 septiembre 2017
Inicio » Tecnología » Las compañías tecnológicas aún creen en el mito de la libertad online
cc120617s104f01_crop1497228885112.jpg_258117318

Las compañías tecnológicas aún creen en el mito de la libertad online

La promesa de que Internet se someta a una benigna supervisión por parte de los innovadores nunca fue alcanzable

Al principio, hace unos 20 años, todo era simple. La Internet pertenecía a todos y a nadie. Era un espacio libre de interferencias estatales, un lugar donde los individuos podían expresar sus opiniones. Miles de millones de conexiones digitales desafiaban las fronteras nacionales o los argumentos sobre los sistemas rivales de organización política. Ah, y la web prometía incalculables riquezas para los genios de la tecnología de Silicon Valley y otros lugares.

Este cuento idealizado del espacio cibernético como un reino independiente y anárquico todavía tiene gran resonancia. Si a alguien se le ocurre decir que surgió la necesidad de una regulación nacional, sin duda sería acusado de provocar la “balcanización” de una comunidad verdaderamente global. Culpar a Google o a Facebook de publicar propaganda abominable que pide asesinar inocentes es cuestionar las libertades de todo aquel que tenga un teléfono inteligente o una tableta.

Se puede ver por qué. La web ha sido una fuente de empoderamiento y de libertad. Sirve como aliada del individuo en contra del poderoso, y es un canal de influencia para aquellos que han sido privados de voz y voto. Puso fin al monopolio de la información que tenían las élites y alimentó a nuevas comunidades sin fronteras. Está completando el despertar político global que comenzó con la televisión por satélite.

No es casualidad que los gobiernos más ansiosos por controlar la web hayan sido los más temerosos de la libertad y de la democracia. Dondequiera que se haya un autócrata desagradable habrá equipos de técnicos censurando redes sociales y callando la disidencia digital.

Por supuesto, ha habido un elemento de simulación. Siempre se han aplicado algunas normas. Nadie se queja cuando se cierran sitios web que promueven la actividad delictiva, cuando se elimina la pornografía infantil o cuando se captura a los estafadores cibernéticos. La democracia distingue entre la libertad y la licencia; la libertad de expresión no se extiende a gritar “fuego” en un teatro lleno de gente.

Por su parte, las empresas tecnológicas se han posicionado hábilmente. A pesar de que se convirtieron en gigantes globales, se presentan como guardianes de los indefensos contra el Estado. Cuando Apple rechaza una solicitud legal para divulgar el cifrado de uno de sus costosos dispositivos, se envuelve en el manto de la libertad.

Cuando a Google o a Facebook se las acusa de publicar ilegales incitaciones a la violencia, se defienden afirmando que no son empresas de medios. No, son bibliotecas u oficinas postales, simples agentes a la merced de sus propios algoritmos. Por supuesto, si alguien se queja de ésta o aquella página web, considerarán quitarla, y luego esperan aplausos por su responsabilidad social.

Estos absurdos nacen de una mentalidad que dicta que estas compañías deben estar por encima del resto de nosotros. Después de pasar un reciente fin de semana con una significativa porción del grupo de ejecutivos de Silicon Valley, he llegado a la conclusión de que realmente creen en su propia publicidad.

La red no puede rendir homenaje a las preferencias nacionales ni a las sensibilidades culturales. ¿Por qué los meros políticos deberían decidir dónde, por ejemplo, tiene que estar la frontera entre la seguridad nacional y el derecho a publicar videos que describan en forma precisa cómo fabricar bombas?

Según esta lógica, Apple tiene más derecho que el gobierno o que la Justicia a decidir si para la sociedad es mejor un inquebrantable cifrado que permitir a las agencias del orden público tener acceso a los iPhone cuando están persiguiendo terroristas.

Y si piensas lo contrario, entonces debes estar a favor del “estado profundo”. Sugerir, digamos, que a los espías se les permita monitorear el tráfico digital de extremistas –como los responsables de los asesinatos de Manchester y de Londres– es estar a favor de la “vigilancia masiva”.

En este mundo de Alicia en el País de las Maravillas, las compañías tecnológicas acumulan cada detalle de información personal de las cuentas de sus usuarios para venderla a los anunciantes. Pero luego se oponen a cualquier intrusión estatal calificándola como una “licencia” para los espías o como un avance hacia el autoritarismo.

La verdad es que, por supuesto, la anárquica promesa de que la Internet esté supervisada por entrepreneurs, innovadores y genios de la tecnología con buenas intenciones siempre fue un ideal inalcanzable. La red actual está dominada por un puñado de corporaciones globales cuyo interesado sentido de la “otredad” se convirtió en una excusa para evitar las responsabilidades de todos los demás.

Este poder de mercado –Google domina las tres cuartas partes de las búsquedas globales, mientras que Google y Facebook juntos representan tres quintas partes de los ingresos de publicidad digital– les permite a las empresas fijar sus propias alícuotas impositivas, excluir a los competidores y elegir qué reglas aplicar.

La respuesta que ofrece el manual de economía es separarlas. En otros sectores de la economía no se tolerarían tales concentraciones de poder. Basta con observar las decisiones antimonopolistas del pasado en los sectores del petróleo y de las telecomunicaciones. Sin embargo, también necesitamos una declaración de intención política: las compañías tecnológicas no pueden operar por encima de los valores y de los estándares de nuestras sociedades.

Para una nación como el Reino Unido, por ejemplo, o para cualquier país que se encuentre bajo un ataque terrorista inspirado por propaganda en la web, nunca existirá una respuesta “correcta” en cuanto a dónde fijar el equilibrio entre seguridad y privacidad, o entre libertad de expresión y licencia. Parece claro, sin embargo, que ésta es una decisión que se debe tomar en Westminster y no en algún campus californiano. Algunos llaman a esto balcanización. Yo creo que democratización es una mejor descripción.

Fuente: El Cronista 

También

Tecnologia

Google busca ganar terreno en las pymes federales

El gigante de Internet anunció el lanzamiento de Google for Argentina, un programa que busca …

Tecnologia

La nueva Galaxy Note 7 que probablemente no explotará finalmente tiene una fecha de lanzamiento firme

Meses atrás, Samsung confirmó que el Galaxy Note 7 volverá a las tiendas, sin especificar …

Tecnología

Invertirán unos u$s 15 millones para el cambio de tecnología de los cajeros automáticos

Las empresas que operan las redes de cajeros automáticos en la Argentina -Red Link y …

whatsapp-content.jpg_1484051676

Tragame tierra: pronto vas a poder borrar mensajes de WhatsApp antes de que otros los lean

Es un feature llamado “Recall” que permitirá a los usuarios borrar mensajes equivocados antes de …

Comments Closed